Sorprendidos nos ha dejado las manifestaciones de la naturaleza los últimos días en nuestro país.
La incertidumbre y la desesperanza se respiran en decenas de hogares que han perdido todas sus pertenencias por causa de las malas condiciones climáticas.
Escazú, un lugar donde pocos imaginaron pasaría un suceso como el acontecido días atrás, despertar y leer el periódico fue motivo de sorpresa para más de uno, una de las zonas más desarrolladas del país se veía azotada por los embates de la naturaleza.
La situación no se detiene, el país está en alerta roja, miles de personas están encerrados en sus cantones por los estragos de las lluvias en las carreteras y la inseguridad reina en los territorios propensos a desastres.
Las circunstancias se justifican, son “acontecimientos naturales”, no los podemos predecir.
Sin embargo, mi cuestionamiento se dirige a la eficiencia que tenemos en Costa Rica para mitigar dichos sucesos.
Me encantaría conocer la cantidad de personas que se les ha restablecido ya en un hogar digno, si los albergues cuentan con espacios suficientes para la suma de damnificados y la rapidez con la que los servicios de salud se han movilizado.
Nuestra ubicación geográfica nos permite estar salvaguardados de sufrir grandes eventos desastrosos, pero cuando ocurren, ¿Estamos preparados?
Es preocupante como muchas familias dañadas por el pasado terremoto en Cinchona apenas están siendo reubicadas en una vivienda, después de tanto tiempo.
No sé cuanto se tardará para que los sobrevivientes de la catástrofe en Escazú y las zonas del Pacifico recuperen sus casas y su vida vuelva a la normalidad, lo que si tengo claro es que la Comisión Nacional de Emergencia y asociados deben replantear sus estrategias de mitigación ante estos inesperados acontecimientos, es la vida humana la que está en juego.
El peligro está siempre latente, nuestro país es un lugar de abundantes ríos y montañas propensas a causar destrucción según sea los caprichos del medio ambiente; no lo podemos evitar, pero si los podemos amortiguar con una buena preparación y organización, la cual está ausente en estos días de desconsuelo, incertidumbre e inseguridad.
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